Este año la Motovolta ha dejado el listón altísimo, configurándose como un evento que condensa la verdadera esencia del motociclismo de resistencia y solidaridad en un solo día.
Para un perfil de pilotaje técnico, donde prima el ritmo fluido, constante y la finura sobre la agresividad espasmódica, este tipo de retos son un escenario ideal para poner a prueba tanto la compenetración con la máquina como la gestión del esfuerzo físico en tramos revirados.
Aquí tienes la crónica y el análisis técnico desde la perspectiva de MAYAM, desgranando si esta edición ha sido una jornada de placer, sufrimiento, diversión o pilotaje puro.
Nuestro dorsal este año ha sido el 238.

- El veredicto de MAYAM: ¿Placer o sufrimiento?
En una ruta de estas dimensiones, el placer y el sufrimiento no se excluyen; se retroalimentan.
- El sufrimiento (Físico y mental): Mantener la concentración durante tantas horas, gestionando el cansancio y los constantes cambios de asfalto, desnivel y temperatura, exige un peaje físico. Para los pilotos veteranos, las articulaciones y los músculos acusan el kilometraje, convirtiendo los últimos sectores en un ejercicio de pura resistencia mental.
- El placer (Sensorial y técnico): El «sufrimiento» desaparece en cuanto los neumáticos cogen temperatura enlazando curvas. El verdadero placer ha estado en la fluidez. Encontrar esa sintonía donde la moto entra sola en el viraje, la IMU trabaja de forma invisible garantizando la seguridad en las zonas sombrías o húmedas de la montaña, y el paisaje se abre ante ti.
El veredicto de MAYAM: Ha sido un placer exigente. El sufrimiento es solo el precio de la entrada; la recompensa es la satisfacción de trazar cada curva con tiralíneas, con la elegancia que solo los años de experiencia en circuitos y carretera otorgan.
- Diversión y pilotaje: La clave está en el Ritmo
Dejar atrás las aceleraciones bruscas y las frenadas agónicas para centrarse en la velocidad de paso por curva ha sido la clave para disfrutar al 100% de la Motovolta 2026.
- 1. El pilotaje técnico en la «Muntanya Màgica»
La ruta de este año exigía una lectura impecable del terreno. No se trataba de ir al límite, sino de mantener un flow constante:
- Trazadas anticipadas: Conocer el comportamiento de las suspensiones en apoyos fuertes y aprovechar la electrónica de última generación para abrir gas con confianza a la salida de los virajes más cerrados.
- Gestión de las inercias: En los tramos más ratoneros de montaña, el pilotaje fino y limpio ha demostrado ser infinitamente más eficaz (y menos fatigante) que el estilo agresivo.
- 2. Diversión inteligente
La diversión en la Motovolta no radica en el velocímetro, sino en el desafío de la regularidad. Compartir la carretera con cientos de apasionados, sentir el respeto mutuo entre motoristas y devorar kilómetros por carreteras secundarias con un asfalto que incitaba a tumbar, convierte esta ruta en un parque de atracciones para el motero de corazón.
- Lo más destacable de la ruta
El entorno absorbente: El recorrido por los paisajes más emblemáticos y técnicos de la geografía catalana ha ofrecido un contraste de luces, sombras y firmes que obligaba a mantener los cinco sentidos activos.
La tecnología como aliada: En una jornada tan larga, la tecnología (desde los cascos con buen aislamiento acústico y pantallas de alta visibilidad hasta los asistentes de pilotaje de las monturas modernas) se convierte en una herramienta de seguridad activa brutal, permitiendo al piloto centrarse únicamente en la trazada.
El componente solidario: Más allá de las curvas, lo que verdaderamente engrandece a la Motovolta es su trasfondo humano. Saber que cada kilómetro recorrido suma para una causa solidaria dota a cada fatiga y a cada curva de un sentido especial.

- Destripemos la ruta tramo a tramo
Para desgranar la Motovolta 2026 como se merece, tenemos que analizar su estructura inteligente de bucles con base en el mítico Hotel El Bruc. Diseñar un evento de resistencia sobre un asfalto impecable (aquí no había trampas, solo asfalto del bueno para deleite de nuestras gomas) rodeando la «Muntanya Màgica» de Montserrat y sus zonas de influencia es un acierto absoluto.
Vamos a destripar la jornada tramo a tramo, analizando las sensaciones y el placer técnico que nos regaló cada fase desde el punto de vista del pilotaje puro.
- Bucle 1: El despertar técnico y las sombras de la mañana
El tramo: El Bruc – Manresa – Alrededores de Montserrat
El primer bucle, obligatorio para todos, arrancaba con el frescor de la mañana y la imponente silueta de Montserrat recortando el cielo.
Las sensaciones: Los primeros kilómetros sirven para calibrar la moto y el cuerpo. Con el asfalto aún frío, los neumáticos necesitan un par de apoyos progresivos para alcanzar su temperatura óptima de funcionamiento. La luz rasante de la mañana genera zonas de luces y sombras muy acusadas en los tramos revirados que miran al norte.
El placer del pilotaje: Aquí el placer radica en la progresividad. Nada de frenadas de carreras; se trata de dejar correr la moto, deslizarse con finura y dibujar líneas perfectas. Sentir cómo el chasis lee las primeras curvas y cómo los sistemas de seguridad pasiva (como el ABS en curva) están ahí, latentes, mientras fluyes por carreteras anchas pero técnicas, es una delicia para empezar el día con el ritmo adecuado.
- Bucle 2: El clímax del asfalto y la velocidad de paso
El tramo: Adentrándose en el Solsonès / Prepirineo (Rutas de 300 km a 492 km)
Para los que decidimos estirar el mapa buscando el verdadero desafío, la ruta se adentraba en zonas con un firme impecable, curvas enlazadas de radio medio y desniveles constantes.
Las sensaciones: Aquí es donde se desata la adrenalina inteligente. El cuerpo ya está suelto, la confianza en el agarre es absoluta y la moto se siente como una extensión de tus propios brazos. El paisaje cambia, el aire se vuelve más limpio y el sonido del motor rebotando en las paredes de piedra enriquece la experiencia sensorial.
El placer del pilotaje: Este tramo ha sido el templo de la velocidad de paso por curva. Es el escenario idílico para un pilotaje fluido: anticipar la mirada tres curvas más allá, retrasar ligeramente el vértice para abrir gas con la moto ya enderezada y aprovechar el par motor. Jugar con las inercias sin llegar a estresar las suspensiones genera una sensación de flotabilidad y control absoluto. Es el placer de ir rápido sin esfuerzo aparente, donde la electrónica (el control de tracción gestionado por la IMU) te permite hilar fino y seguro.
- Bucle 3: El desafío de la resistencia y el retorno al Bruc
El tramo: El sector final de la tarde (Para los inconformistas de los 659 km)
El sol ya empieza a caer, el cansancio acumulado tras cientos de kilómetros empieza a pasar factura en las lumbares y las muñecas, y es el momento en el que el asfalto exige el máximo respeto.
Las sensaciones: Aquí aparece ese «sufrimiento» del que hablábamos: los reflejos no son los mismos que a las siete de la mañana y la fatiga muscular es real. Sin embargo, el contraste llega cuando vuelves a ver la silueta de Montserrat al fondo, avisándote de que el bucle se cierra y el objetivo solidario por La Lucha de Abril está cumplido.
El placer del pilotaje: El placer aquí se vuelve cerebral y de pura técnica de conservación. Ya no buscas la trazada perfecta para ir rápido, sino para ser eficiente. Reduces el lenguaje corporal sobre la moto, dejas que la máquina haga el trabajo pesado y confías ciegamente en el tarado de las suspensiones. Conseguir mantener un ritmo vivo, limpio y seguro cuando las fuerzas flaquean es, posiblemente, una de las mayores satisfacciones para un piloto técnico. Llegar al Hotel Bruc, apagar el motor y sentir el calor del escape mientras asimilas los miles de curvas del día es una sensación insuperable.
El análisis de MAYAM
«La Motovolta 2026 ha demostrado que una ruta de resistencia en carretera abierta no requiere de un pilotaje espasmódico ni de buscar el límite físico del neumático. El verdadero placer de la Motovolta (Muntanya Màgica) ha estado en la consistencia. El asfalto perfecto que nos brindó la organización fue el lienzo ideal para demostrar que el pilotaje limpio, la gestión de las inercias y la complicidad con la tecnología actual nos permiten devorar más de 600 kilómetros con una sonrisa bajo el casco. Nos vemos en la próxima trazada.»
Este año la Motovolta se ha superado, pero, opino que quizá se debería introducir algún cambio en la estructura de la ruta, algún reto algo diferente a fin de hacerla aun más atractiva, pero, eso corresponde a la organización. Pero muchas gracias por vuestro trabajo y buen hacer, gassss y el año que viene más.
En DirectoMotor, ya llevamos un tiempo desarrollando un evento parecido a Rider 1000 o Motovolta, pero cuando lo tengamos todo planificado, os lo haremos saber, para poder disfrutar juntos uno o dos días de camaradería y rutas inolvidables y mucha diversión.
Por Equipo de DirectoMotor
By MAYAM












