Rodar con amigos es lo mejor del motociclismo… hasta que deja de serlo. Todos conocemos ese grupo que sale a «dar un paseo» y termina pareciendo una escena de Mad Max mezclada con un rebaño de ovejas descarriadas.
Si quieres que vuestra ruta pase de ser un caos logístico a una coreografía de MotoGP, saca la libreta. Rutas en moto con amigos.
El casting de la ruta: ¿Amigos o «Atila y sus Hunos»?
Antes de arrancar, hay que saber con quién vas. No es lo mismo ir con el «Tío Lento» que lleva una custom de 300 kg, que con «El Ansias» que cree que cada semáforo es la salida de Montmeló.
Ventajas: Seguridad compartida, risas aseguradas y alguien que te sujete la moto mientras te quitas el casco.
Inconvenientes: El ritmo lo marca el más lento (o debería), las paradas se eternizan y siempre hay alguien que llega tarde con la reserva encendida.
La jerarquía del asfalto: El Road Leader y el «Farolillo Rojo»
En una ruta seria de DirectoMotor, la democracia no existe. Es una dictadura benevolente:
El líder (Road Leader): No es el más rápido, es el que mejor conoce la ruta y tiene más sentido común. Su misión es marcar el ritmo y señalizar peligros (baches, radares, o ese señor con boina que cruza sin mirar).
El cierre (Sweeper): El piloto con más paciencia del grupo. Nadie se queda atrás bajo su guardia. Si alguien se pierde, él es el rastreador.
Pilotaje en grupo seguro, normas moteras para el grupo.
De la calma al éxtasis: La progresión del “Ritmo”
No se puede pasar de 0 a 100 sin calentar las gomas (y las neuronas).
El inicio «Modo Café»: Los primeros 30 minutos son para que el grupo se asiente. Formación en zigzag, distancias de seguridad y reconocimiento del terreno.
Subiendo pulsaciones: Una vez el grupo está cohesionado, el Líder empieza a estirar el grupo. Aquí se acaba el zigzag y se empieza a rodar en fila india para trazar mejor.
Momento «A Fuego»: Si el grupo tiene nivel, se pueden pactar tramos libres. «Nos vemos arriba del puerto». Así, los que quieren rozar estriberas pueden hacerlo sin presionar a los que prefieren disfrutar del paisaje.
Regla de oro: Al final del tramo, el primero espera al último. Siempre.
Manual de urbanidad motera: Lo que NO debes hacer
Para que el almuerzo sea una fiesta y no un funeral, hay que cumplir estas normas de etiqueta:
No adelantes a tus compañeros por dentro: A menos que quieras que te tiren el café a la cara en la parada. Es peligroso y rompe la confianza.
Señaliza: Si ves una piedra, saca la pierna. Si hay un radar, haz el gesto de «frena» con la mano. No seas el que solo mira por su ombligo.
El efecto acordeón: Mantén una distancia constante. No aceleres y frenes bruscamente, o provocarás un choque en cadena que ríete tú de las rebajas de enero.
El almuerzo: La sagrada comunión del motorista
El objetivo final de toda ruta es el bocadillo de panceta o el chuletón. Aquí es donde se forjan las leyendas.
Regla sagrada: En la mesa, la inclinación de la moto en las curvas aumenta un 10\% por cada cerveza sin alcohol que te tomes. Se permite fardar, pero sin pasarse.
La cuenta: Sed tíos legales. El que intenta escaquearse del pago del café es inmediatamente expulsado de la próxima ruta.
¡Respetad las distancias, disfrutad de las curvas y recordad que el último paga los cafés! ¡Gasss a fondo y cabeza fría!
By MAYAM – Equipo de DirectoMotor











