¡Qué tal, quemadillos de DirectoMotor! Aquí MAYAM de nuevo, con el mono puesto y el sensor de inclinación activado.
En un artículo anterior hablábamos de las bestias de 200 cv para masoquistas del viento, hoy vamos a bajar al barro… o mejor dicho, al asfalto de montaña. Porque seamos claros: en una carretera de curvas ratoneras, tener 200 cv es como intentar jugar al ping-pong con un bate de béisbol. Sí, tienes mucha fuerza, pero probablemente rompas la mesa.
- El Santo Grial de la montaña: ¿Cuántos caballos necesitas realmente?
Para «volar a ras de suelo» en un puerto de montaña, la cifra mágica no está en los tres dígitos salvajes. El consenso técnico para el máximo aprovechamiento es:
La cifra ideal: Entre 110 cv y 135 cv.
¿Por qué? Porque en una carretera revirada, lo que te saca de la curva no es la potencia máxima a 14000 rpm, sino el par motor (Torque).
- El Par es el rey: Buscamos motores que den todo en la zona media. Un motor que recupere desde abajo sin tener que jugar al «Guitar Hero» con la palanca de cambios es lo que te permite mantener la fluidez.
El triángulo del placer: Suspensiones, frenos y geometría
Para no cometer errores, necesitas una parte ciclo que te hable:
- Suspensiones: No busques «piedras». Buscamos suspensiones con un hidráulico de calidad que absorba las irregularidades del asfalto real (que no es el de Jerez) sin descomponer la trazada.
- Motos sugeridas: La KTM 890/990 Duke, la Triumph Street Triple RS o la Ducati Monster SP. Son ligeras, tienen un par motor exquisito y unas suspensiones que leen el suelo mejor que un detective privado.
¿Cómo pilotar la moto y no terminar discutiendo con un pino?
Pilotar y disfrutar no es ir rápido; es ir fino.
- Anticipación visual: Si miras la rueda delantera, estás muerto. Si miras la salida de la curva, la moto fluye. Tu cerebro necesita tiempo para procesar la información; dáselo mirando lejos.
- La gestión del gas: No es un interruptor de la luz (ON/OFF). Es un potenciómetro. El primer 1% de apertura de gas es el que asienta la suspensión trasera y te da la tracción para catapultarte.
Rodar «A Fuego»: ¿Rito de paso o locura transitoria?
Rodar a fuego es cuando el modo «supervivencia» se apaga y se activa el modo «instinto». Es llevar la máquina cerca de su límite operativo, donde los frenos huelen a esfuerzo y los neumáticos se «rizan» en los flancos.
¿Por qué hacerlo?
Porque es el único momento donde el ser humano experimenta la presencia absoluta. No hay pasado ni futuro, solo el ápice de la siguiente curva. Es una limpieza mental más barata que un psicólogo (aunque los neumáticos cuesten un riñón).
La escala de ritmos: Encuentra tu sitio
- Ritmo Bajo (Modo Turista): Disfrutas del paisaje. La moto va por donde quiere. Peligro: Te distraes y entras pasado en una curva ciega.
- Ritmo Medio (Modo Flow): Aquí ocurre la magia. Hay una danza entre tú y la moto. No hay frenazos bruscos ni acelerones salvajes. Es el ritmo más eficiente.
- Ritmo Alto (Modo Experto): Exige una forma física de atleta. La frenada es agresiva (trail braking) y el cuerpo se desplaza activamente para ayudar a la moto a girar.
Consejo DirectoMotor:
Rodar «a ritmo» (constancia) te enseña más que rodar «a picos» de velocidad. La fluidez te da seguridad; el estrés te da errores.
El factor clima: El asfalto tiene sentimientos
Temperatura: Por debajo de 10°C, tus neumáticos son trozos de plástico rígido. No les pidas milagros.
Tiempo: Si el sol está bajo, cuidado con las sombras en el asfalto; esconden humedades que te pueden dar el susto de tu vida. Un buen piloto lee el color del asfalto como si fuera un mapa del tesoro.
Sensaciones y placer personal: La afirmación
No hay nada como llegar a la cima del puerto, quitarse el casco y ver que el neumático ha trabajado hasta el borde. Esa afirmación de nuestro pilotaje nos da una dosis de dopamina que dura toda la semana. Es la satisfacción de haber dominado las leyes de la física con dos ruedas y un manillar.
Conclusiones de una jornada de curvas:
Diversión: Máxima cuando la moto no te sobrepasa.
Seguridad: Proporcional a tu capacidad de mantener la calma cuando el ritmo sube.
Aprendizaje: Cada curva es una lección de geometría aplicada.
¡Que tus estriberas besen el suelo antes que tus rodillas el asfalto! ¡Nos vemos en la siguiente trazada!
By MAYAM – Equipo de DirectoMotor











