Pilotar una moto es una experiencia que combina libertad, habilidad y un alto grado de riesgo. El piloto se enfrenta no solo a los desafíos del tráfico y la carretera, sino también a una compleja batalla psicológica interna. Exploramos los miedos, egos, la adrenalina y el sentido común que coexisten y a menudo entran en conflicto en la mente de un motorista, definiendo su comportamiento y, en última instancia, su seguridad.
¿A qué teme un piloto en carretera?
El miedo es una emoción fundamental para la supervivencia, y en la carretera, un piloto tiene motivos de sobra para sentirlo. Sin embargo, no todos los miedos son iguales ni se manifiestan de la misma manera.
El miedo a lo incontrolable: Este es el temor más profundo y constante. El piloto sabe que, a pesar de sus habilidades, hay factores externos que no puede controlar. Estos incluyen conductores despistados que cambian de carril sin mirar, peatones imprudentes que cruzan la calle o carretera inesperadamente, o condiciones meteorológicas adversas como la lluvia repentina o el hielo en la carretera. La fragilidad de la moto, sin la protección de una carrocería, hace que este miedo sea tangible y constante.
El miedo a la imperfección propia: Más allá de los peligros externos, el piloto también teme cometer un error. Un mal cálculo en una curva, una frenada tardía, o una falta de atención pueden tener consecuencias fatales. Este miedo es un motor para la prudencia y el perfeccionamiento de las habilidades.
El miedo a la fatiga y el desgaste: Con el tiempo, la concentración disminuye y la fatiga muscular se asienta. El miedo a perder la agudeza mental en un momento crítico es real, especialmente en viajes largos. A esto se suma el temor a un fallo mecánico, una cadena que se rompe, un neumático que pincha, o una avería inesperada que pueda comprometer la seguridad.
Egos y adrenalina: La lucha interna
Si el miedo es el freno, el ego y la adrenalina son el acelerador. La batalla entre estas fuerzas define el carácter de un piloto y su forma de pilotar.
El EGO del piloto
El ego se manifiesta de diversas formas, muchas de ellas perjudiciales. Es el sentimiento de ser un «piloto superior», inmune a los riesgos. Esto puede llevar a:
Sobreestimación de habilidades: Pensar que se puede tomar una curva a una velocidad más alta de lo debido o adelantar en una situación de riesgo.
Competencia irracional: El ego impulsa la necesidad de «ganarle» a otros pilotos, ya sea en un semáforo o en la carretera, lo que lleva a comportamientos de riesgo y a la omisión de las normas de tráfico.
Negligencia del equipo de protección: Considerar el casco, los guantes o la chaqueta como opcionales, pensando que nunca se tendrá un accidente.
La adrenalina
La adrenalina es una hormona que produce euforia y un aumento de la alerta. Es lo que hace que la experiencia de pilotar una moto sea tan emocionante. Sin embargo, su exceso puede ser un peligro mortal:
Ceguera de túnel: En un estado de alta adrenalina, el piloto puede desarrollar una visión de túnel, perdiendo la conciencia de su entorno periférico y las amenazas que no están directamente frente a él.
Toma de decisiones impulsiva: La adrenalina puede anular la razón, llevando a decisiones impulsivas y peligrosas. Lo que en un momento de calma se consideraría una imprudencia, bajo la influencia de la adrenalina puede parecer una acción emocionante.
El sentido común: El piloto defensivo
El sentido común es el ancla que puede mantener a raya los miedos, egos y la adrenalina, transformando la experiencia de pilotar en una actividad segura y placentera.
Anticipación y planificación: El piloto con sentido común no solo reacciona, sino que anticipa. Escanea la carretera en busca de peligros potenciales (coches que se detienen, baches, aceite en el asfalto) y planifica su siguiente movimiento con segundos de antelación.
Habilidad vs velocidad: Comprende que la habilidad no se mide por la velocidad a la que se pilota, sino por la capacidad de mantener el control y la seguridad en cualquier situación. El respeto por las leyes de tráfico y los límites de velocidad no es un signo de debilidad, sino de inteligencia.
Humildad y respeto: Reconoce que la carretera es un entorno compartido y que no todos los usuarios son conscientes de los motociclistas. Acepta que puedes cometer errores y que la moto no es un vehículo invencible.
COMENTARIO
Pilotar una moto es un baile constante entre el riesgo y la recompensa, donde el miedo nos mantiene alerta, el ego nos empuja a la imprudencia, la adrenalina nos da la emoción, y el sentido común nos guía de regreso a casa. La clave para ser un piloto seguro y duradero no reside en dominar la moto, sino en dominar la compleja psicología que reside dentro de nosotros. La victoria en la carretera no es llegar primero, sino llegar sano y salvo.
By MAYAM














